Jesús y su receta de la felicidad

Pilar, Los Olmos, Domingo 1 de Noviembre de 2015.

Jesús y su receta de la felicidad

“Felices los que tienen alma de pobres”. Tal vez, una mejor traducción sea “vida de pobre”: no solo desapegado de los bienes terrenales y sin angustias por las posesiones, sino también sin pretensiones de ser el centro del mundo por sus capacidades y sus pobreideas.… La vida del pobre depende de los demás, mientras que la del rico gobierna a otros…

“Felices los pacientes”. Es tener la capacidad para soportar las penas sin perturbarse, la virtud para hacer trabajos minuciosos o pesados con calma y tranquilidad. El manso es también dulce de corazón y abierto al hermano.

“Felices los afligidos”. El Señor envió a los suyos a consolar a los afligidos. Estos  no solo son los que sufren desgracias, sino que son, sobre todo, los perseguidos por poner en práctica el plan de Dios.

“Felices los que tienen hambre y sed de justicia”. Es un intenso deseo que no tiene nada de violento, de actuar en sí mismo primero y en el prójimo, después. Este es el plan de Dios para todos nosotros y basado en el amor.

“Felices los misericordiosos”, tanto como lo es Dios Padre, que perdona todo. Ese es el plan de Dios para una sana y feliz convivencia humana.

“Felices los que tienen el corazón puro”. En esa pureza anidan la espiritualidad y el amor desinteresados, sin segundas intenciones.

“Felices los que trabajan por la paz”. Estos son los que continúan la obra pacificadora de Jesús en nuestros días, en los que abundan la violencia y las luchas.

“Felices los que son perseguidos por practicar la justicia”. Justicia, en sentido bíblico, es decir santidad u honestidad.

“Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos o se los calumnie a causa de mí”. Felices al sufrir por Jesús y el prójimo, y no por causa de nuestro egoísmo.

Seremos felices cuando logremos ser pobres y humildes de corazón como Jesús.

El Domingo. El Periódico que nos une como Iglesia
El Domingo. El Periódico que nos une como Iglesia

Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

Seguían a Jesús grandes multitudes, que llegaban de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la Transjordania. Al ver la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a él. Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo: “Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. Felices los afligidos, porque serán consolados. Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia. Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios. Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí. Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron”.

Palabra del Señor.

A. Gloria a ti, Señor Jesús.

Mt 4, 25—5, 1-12a
Mt 4, 25—5, 1-12a