El pan que da eternidad está en el altar

Pilar, Los Olmos, Domingo 9 de Agosto de 2015.

El pan que da eternidad está en el altar

Juan suele llamar “judíos” a los incrédulos, a los obstinados en negar la revelación del Hijo de Dios, imitando a sus padres, que en el desierto murmuraron contra Dios y Moisés. La murmuración se origina en la falta de fe y se expresa en el escándalo frente
al misterio de la encarnación del Hijo de Dios.

Jesús se declara descendido del Cielo ante los fariseos, pero, como ellos conocen a sus padres, se asombran por esta afirmaciónVivir para la Fe
que les resulta extemporánea. Conocen a Jesús sólo con los ojos de la carne, y no con los de la fe, cuya razón última es que los hombres reconozcan a su hijo. Por este motivo, el evangelio recuerda lo siguiente: “Todos tus hijos serán instruidos por Dios”.

Jesús, después de haber afirmado que la fe es un don que nos da el Padre, agrega: “Quien cree, tiene la vida eterna”. La vida eterna depende de la fe, y ésta consiste en escuchar y alimentarse de Jesús, el Pan del Cielo.

Para hacerse entender, Jesús hace una comparación entre el maná que comieron los israelitas en el desierto y el pan que es su persona. El maná no le dio la inmortalidad a nadie, todos los que lo comieron han muerto; pero quien come el Pan de Vida,
que es Jesús, no muere jamás. La acción de comer indica la interiorización de la Palabra del Hijo de Dios y la asimilación de su persona en una vida de fe. Comer ese pan vivo significa apropiarse de la verdad de Cristo, revelación plena y perfecta del Padre.

El Pan del Cielo es la carne de Jesús, su persona sacrificada para la salvación de la humanidad. El amor de Dios por los hombres alcanza su máxima expresión con su muerte en la cruz, donde se dona enteramente a todos los hombres. El Pan del Cielo es la eucaristía que hoy vamos a compartir.

El Domingo. El Periódico que nos une como Iglesia
El Domingo. El Periódico que nos une como Iglesia

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

Los judíos murmuraban de Jesús, porque había dicho: “Yo soy el pan bajado del cielo”. Y decían: “¿Acaso éste no es Jesús, el hijo de José? Nosotros conocemos a su padre y a su madre. ¿Cómo puede decir ahora: ‘Yo he bajado del cielo’?”. Jesús tomó la palabra y les dijo: “No murmuren entre ustedes. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió; y yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en el libro de los Profetas: ‘Todos serán instruidos por Dios’. Todo el que oyó al Padre y recibe su enseñanza viene a mí. Nadie ha visto nunca al Padre, sino el que viene de Dios: sólo él ha visto al Padre. Les aseguro que el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida. Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron. Pero éste es el pan que desciende del cielo, para que aquel que lo coma no muera. Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo”.

Palabra del Señor.

A. Gloria a ti, Señor Jesús.

Jn 6, 41-51
Jn 6, 41-51