Un gran milagro mal interpretado

Pilar, Los Olmos, Domingo 26 de Julio de 2015.

Un gran milagro mal interpretado

El milagro de la multiplicación de los panes introduce el discurso del Pan de Vida, que nos acompañará durante estos cinco domingos. Es una narración muy importante, está en todos los evangelios y en el centro de la vida pública de Jesús.

Antes de iniciar el relato, Juan precisa que se acercaba la Pascua, “la fiesta de los judíos”. Es un dato esencial para la comunidad
cristiana, porque la celebra a la luz de la resurrección, memoria de la pascua de Cristo, simbolizada en el pan partido. En Jesús semultiplicacion panes cumplen las promesas del pasado y se hacen realidad las esperanzas de Israel. El pan que él dio al pueblo hizo perfecta la pascua
hebraica y desembocó más tarde en el gran banquete eucarístico de los cristianos.

“¿Dónde compraremos pan para darles de comer?”, fue la pregunta de Jesús a Felipe. No tenían ni el dinero necesario ni había un lugar donde comprar tanto pan. No había solución humana a la vista. Juan especifica que los panes eran de cebada, el pan de los pobres, tal como en el milagro del profeta Eliseo.

“Todos comieron hasta saciarse”, y Jesús ordenó recoger los pedazos sobrantes para que nada se perdiera, indicando el carácter
sacro de ese pan. El pan de Jesús, a diferencia del maná del desierto, se guarda para que no se corrompa. Aquella muchedumbre
reconoció a Jesús como el profeta del fin de los tiempos. Sin embargo, el texto nos hace comprender que el entusiasmo de la gente
era de carácter político: Tener un líder que da de comer gratis todos los días. Su realeza había sido mal entendida, por eso, Jesús
se retiró solo a una montaña. Así inició la progresiva disgregación de la muchedumbre que lo seguía, y pronto quedó solo con los Doce. Seguir a Jesús para ver milagros no constituye una señal verdadera de fe. El milagro de la multiplicación de los panes se realiza hoy en nuestro altar.

El Domingo. El Periódico que nos une como Iglesia
El Domingo. El Periódico que nos une como Iglesia

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

Jesús atravesó el mar de Galilea, llamado Tiberíades. Lo seguía una gran multitud, al ver los signos que hacía sanando a los enfermos. Jesús subió a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judíos. Al levantar los ojos, Jesús vio que una gran multitud acudía a él y dijo a Felipe: “¿Dónde compraremos pan para darles de comer?”. Él decía esto para ponerlo a prueba, porque sabía bien lo que iba a hacer. Felipe le respondió: “Doscientos denarios no bastarían para que cada uno pudiera comer un pedazo de pan”. Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: “Aquí hay un niño
que tiene cinco panes de cebada y dos pescados, pero ¿qué es esto para tanta gente?”. Jesús le respondió: “Háganlos sentar”. Había mucho pasto en ese lugar. Todos se sentaron y eran unos cinco mil hombres. Jesús tomó los panes, dio gracias y los distribuyó a los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, dándoles todo lo que quisieron. Cuando todos quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: “Recojan los pedazos que sobran, para que no se pierda nada”. Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos que sobraron de los cinco panes de cebada. Al ver el signo que Jesús acababa de hacer, la gente decía: “Éste es, verdaderamente, el profeta que debe venir al mundo”. Jesús, sabiendo que querían apoderarse de él para hacerlo
rey, se retiró otra vez solo a la montaña.

Palabra del Señor.

A. Gloria a ti, Señor Jesús.

Jn 6, 1-15
Jn 6, 1-15