El banquete y la entrega

Pilar, Los Olmos, Domingo 7 de Junio de 2015.

El banquete y la entrega

En el primer día de los panes ácimos y mientras se sacrificaban los corderitos y los cabritos para preparar la fiesta, el Señor celebró la íntima cena pascual con sus amigos y discípulos. Dos de ellos se encargaron de la comida. Después llegó el resto del grupo, en el cual se encontraba Judas, que organizó la entrega del Maestro.

Ese día se amasaba el pan sin levadura y se desangraban las víctimas. Jesús les había enseñado que si el grano de trigo no muere, no genera vida. Juan Bautista lo había presentado como el Cordero de Dios, es decir, víctima inmolada. Jesús es el grano de trigo,El-Banquete-de-JESUS que nos da vida en abundancia; él es Cordero de Dios.

Esta cena ilumina el episodio más doloroso de la vida de Jesús: Su pasión y muerte a causa de una condena tan injusta como cruel, típica de  un maldecido por Dios y excomulgado por el pueblo. Su sacrificio, en ese momento, no había sido visto como un acto ritual religioso, y mucho menos mesiánico, sino en las antípodas: La condena de un falso mesías. La entrega a los romanos para crucificarlo, “en vez de lapidarlo o decapitarlo”, fue el intento contra toda razonable duda que pudiera surgir contra este “impostor”.

Jesús sabía que los suyos también sufrirían el mismo calvario y serían crucificados junto a él, y que, con la cruz, morirían también las esperanzas y la fe de los apóstoles.

En la cena de despedida, Jesús se ofreció a sí mismo como alimento diciendo: “Tomen y coman, esto es mi cuerpo”. El cuerpo, en la Biblia, no indica sólo los órganos físicos, sino también toda la persona. Cuando recibimos el Cuerpo y la Sangre de Cristo, él se entrega como persona, con sus sentimientos, su intimidad y sus pensamientos. No recibimos el Cuerpo y la Sangre de Cristo simplemente para recordarlo, puesto que Jesús es eucaristía para que lo comamos y superemos nuestro propio calvario.

El Domingo. El Periódico que nos une como Iglesia
El Domingo. El Periódico que nos une como Iglesia

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos.

El primer día de la fiesta de los panes ácimos, cuando se inmolaba la víctima pascual, los discípulos dijeron a Jesús: “¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la comida pascual?”. Él envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: “Vayan a la ciudad; allí se encontrarán con un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo, y díganle al dueño de la casa donde entre: El Maestro dice: ‘¿Dónde está mi sala, en la que voy a comer el cordero pascual con mis discípulos?’. Él les mostrará en el piso alto una pieza grande, arreglada con almohadones y ya dispuesta; prepárennos allí lo necesario”. Los discípulos partieron y, al llegar a la ciudad, encontraron todo como Jesús les había dicho y prepararon la Pascua. Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: “Tomen, esto es mi cuerpo”. Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, y todos bebieron de ella. Y les dijo: “Esta es mi sangre, la sangre de la alianza, que se derrama por muchos. Les aseguro que no beberé más del fruto de la vid hasta el día en que beba el vino nuevo en el reino de Dios”.
Palabra del Señor.

Mc 14, 12-16. 22-26
Mc 14, 12-16. 22-26