Enviados por Jesús

Pilar, Los Olmos, Domingo 24 de Mayo de 2015.

Enviados por Jesús

Después de la Ascensión, los discípulos obedecieron a Jesús y se quedaron en Jerusalén. En el día de Pentecostés, se reunieron en la sala del piso superior de una casa para celebrar, en memoria del Señor resucitado y como buenos judíos, la entrega de las tablas de la ley por parte de Dios a Moisés.

La tradición popular decía que la voz de Dios se había dividido en el Sinaí en setenta idiomas para que todas las naciones pudieran entenderla. Los discípulos, como todos los hebreos, recordaban este evento con la esperanza de revivirlo también ellos pentecostes1un día y poder, entonces, ver la realidad del nuevo pueblo de Israel. A pesar de haber visto a Jesús resucitado, tenían más o menos los mismos sentimientos que en los días de la Pasión y Muerte. Continuaban estando juntos, pero, en realidad, estaban pensando en qué hacer más adelante. ¿Qué podían darse el uno al otro? Tal vez, poner en común la pobreza, superar los límites personales, el pecado, las dudas… Sin embargo, prevalecía algo muy precioso que los hacía continuar unidos: El recuerdo y la presencia de Jesús resucitado.

En un momento, comenzaron a experimentar la verdad de la enseñanza que habían recibido de parte del Maestro: “Donde estén dos o tres reunidos en mi nombre, yo estaré en medio de ellos”. De hecho, todos los días se reunían a rezar en compañía de María, la madre de Jesús. Así, serenaban los ánimos y recuperaban fuerzas para seguir a pesar del dolor y las pruebas. En ese clima, sucedió el milagro de Pentecostés, y lo mismo puede sucedernos hoy. No tengamos miedo de poner en común nuestras oraciones y problemas en presencia del Señor y María. Si así nació la Iglesia, así vivirá por siempre. Sin ese espíritu, podemos convertirnos en una nueva Babel, viviendo juntos pero sin entendernos.

Si nuestro corazón se serena y se llena de paz, sentiremos el envío de Jesús, que nos llama a anunciarlo siempre con alegría.

El Domingo. El Periódico que nos une como Iglesia
El Domingo. El Periódico que nos une como Iglesia

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.
Al atardecer del primer día de la semana, los discípulos se encontraban con las puertas cerradas, por temor a los judíos. Entonces llegó Jesús y, poniéndose en medio de ellos, les dijo: “¡La paz esté con ustedes!”. Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: “¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes”. Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: “Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan”.
Palabra del Señor.
A. Gloria a ti, Señor Jesús.

Jn 20, 19-23
Jn 20, 19-23